Entre gritos, pancartas y discursos progresistas, la Cámara de Diputados dio media sanción al proyecto de ley que aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Tras un larguísimo debate, la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley por un total de 125 votos contra 109, con 6 abstenciones. Si bien la diferencia fue mayor en la realidad de los medios y el sensacionalismo que en los votos, el proyecto es casi ley.
Llenos de discursos liberales y tolerantes, los diputados tuvieron la “libertad” de elegir por sobre los partidos a los que responden. Si bien hubo voces contra el proyecto, la cara opositora es la diputada Cynthia Hotton quien destacó su responsabilidad al “representar a millones de cristianos que creen en la Biblia, en Dios y en la institución del matrimonio”.
Ya en comisiones, la diputada Hotton había hablado de un proyecto para otro tipo de uniones, ya que entendía que todos tenemos derecho a elegir nuestra pareja, pero enfatizó que no podía ser considerado un matrimonio. Dichas declaraciones fueron tomadas como discriminatorias por parte de la comunidad gay la cual nunca desvió sus ojos de la libreta roja.
Aun cuando la Iglesia Evangélica luchó a capa y escarba diente contra el avance de la ley, los medios decidieron hacerle un notorio vacío; multitudinarias marchas, carteles y pastores apareciendo en televisión no fueron suficientes para equilibrar la balanza. Si bien el proyecto no especifica la adopción de menores por parte de las nuevas parejas, es un hecho que si obtienen el reconocimiento para casarse, tendrán los mismos derechos que cualquier pareja heterosexual.
Es interesante tener en cuenta lo que se mueve detrás del debate. En nuestro país, todavía es motivo de burla declararse homosexual o ser apuntado como tal. No es raro escuchar sinónimos peyorativos para aquellos que eligen una “propuesta sexual diferente”, hecho que demuestra la “intolerancia” que corre por nuestra ciudad vestida de progresista y moderna.
Solo una opinión
No es el país el que pide esta ley, es una elite con intereses definidos que logra la atención por sobre todo aquello que deberíamos atender, ya que hoy las parejas de elección homosexual se unen y adoptan. Tal vez por eso, sean más los que festejan el Martín Fierro de platino que ganó Susana que los que festejan la media sanción, o sean más los que esperan la lista de Diego para saber si sacar pasaje a Sudáfrica o no.
Pero me ha tocado ver y oír algunos discursos políticos progresistas de parte de figuras evangélicas en donde se cargan con la responsabilidad de representar a una masa de gente que profesa a Jesús y Su cultura como un estilo de vida. Sinceramente, me pregunto, si como cristiano que soy me siento identificado con aquellos que dicen representarme.
Siempre pensé que parte de nuestro rol social es leudar la masa, ser agentes de cambios para lo cual deberíamos tener como punto de partida la humildad, y así preguntarnos, ¿cómo fue que llegamos a este punto? ¿Será que pudimos alcanzar con la cultura de Jesús más que con nuestras reglas?
No estoy a favor de la homosexualidad, pero tampoco estoy a favor de la rebeldía, la crítica y la soberbia. Tal vez parte de la solución sea nuestro compromiso con el Reino, con dejar de mirar el pecado y ver ese ser con los mismos ojos que Dios lo ve. Creo que debemos ir contra la ley, a favor de la gente y expresar el amor de Dios por sobre las decisiones que éstos elijan tomar. No me atemoriza el futuro porque la ley no inventa nada, solo acepta la terrible realidad que vivimos y tal vez nunca llegamos a sentir.
Espero que este presente nos empuje a un compromiso mayor con la cultura de Jesús.
Por: Ale Cruz
0 comentarios:
Publicar un comentario