
Con multitudinarios actos, acaba de celebrase el bicentenario de la Revolución de Mayo, momento crucial en la historia donde comenzaron a darse los primeros pasos en la conformación de lo que décadas después será la República Argentina. En estos momentos, se están desarrollando varios debates donde diversos académicos y estudiosos discuten nuestro presente y pasado como nación, con perspectivas al futuro.
Respecto a esto, la presidenta Cristina Fernández sostuvo que estamos mejor que hace 100 años (haciendo referencia a la situación argentina en 1910): “Hace 100 años no podíamos elegir libre y democráticamente a nuestros gobernantes y lo pudimos hacer recién a partir de la ley Sáenz Peña…” “…no existían los derechos sociales y estaba prohibida la actividad sindical”. Lamentablemente se limitó solo a la cuestión democrática cuando bien podría haber hecho un aporte mayor, en especial con los logros macroeconómicos alcanzados a lo largo del siglo veinte y particularmente desde 2003.
Quisiera hacer entonces un aporte a este asunto. ¿Cómo está la Argentina respecto a su situación hace 100 años? Analizaré tres cuestiones: estructura económica, el tipo de representación política y la evolución de algunas variables sociales.
Referente a la primera cuestión, es innegable la evolución general de la Argentina. De una economía eminentemente agraria, con un muy limitado desarrollo industrial y sector de servicios reciente y en manos de capitales extranjeros (ferrocarriles, tranvías, transporte naval, comunicaciones, etc,), pasamos 100 años después a encontrar un sector industrial consolidado en algunas ramas (Tetchint, Arcor, Bago, holding empresariales como los de Macri, Eurkenian, Eskezani y varios más) y un gran número de empresas extranjeras que invierten hoy capitales en el país. La rama de los servicios se halla plenamente consolidada, en especial en áreas de comunicaciones y transporte, apoyado en gran parte por empresas extranjeras radicadas en el país. La agricultura continúa siendo el sector más importante de la economía. Quizás uno de los desafíos para el país, es justamente logar consolidar un desarrollo en la industria y los servicios con competitividad internacional, en aquellos sectores donde posea la capacidad de hacerlo. En 1910 el PBI era de 26.000 millones de dólares, hoy es de 306.747 millones.
En cuanto a los asuntos políticos, debemos reconocer varios puntos que son positivos: se consolida la democracia como opción política; la representatividad es mayor, no solo dentro de los partidos políticos tradicionales, sino especialmente en la variedad de movimientos surgidos al calor de las luchas sociales existentes desde la reapertura democrática que dan cuenta de las opciones políticas independientes que toma la sociedad argentina frente a los distintos grados de explotación y des manejos económicos de los últimos 27 años. Como límites, podemos mencionar no solo la frágil condición de los partidos políticos tradicionales como el PJ y la UCR, sino también la precariedad existente en nuestra democracia que no representa aún una opción verdadera para las masas populares, cosa que se puede deducir fácilmente en vista de la pauperización general y la concentración económica de los sectores más ricos que se dio desde el 83, revertido limitadamente, con los gobiernos posteriores a la crisis del 2001.
Para finalizar, quiero dar cuenta de ciertas variables estadísticas que marcan una evolución positiva en la Argentina. En la educación, hallamos un aumento del nivel de escolaridad, alfabetización y población con acceso a la educación superior, el aumento de la expectativa de vida (señal clara de una mejora en la calidad de vida) que hoy llega a los 75 años. La Argentina está en el puesto 49 del ranking de 182 países ordenados en función de su índice de desarrollo humano (datos de 2008). Pero también existen en este punto algunas deudas: recuperar la calidad educativa (especialmente en el nivel secundario), garantizar una verdadera educación superior gratuita, recuperar el sistema público de salud del bache en que hoy se encuentra para alcanzar, por lo menos, los niveles globales que existieron hasta por lo menos 1960, momento en que comenzó el proceso más largo de su decadencia.
¿Logrará el país superar sus trabas históricas que le permitan tener un mayor peso en su capacidad productiva, una posición relativa internacional mejor, una calidad de vida aún superior y responder con mayor eficacia a temas como pobreza y equidad social?. El tricentenario nos hallará, si Dios lo permite, con la respuesta.
Por: Alejandro Calloni
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