En este último tiempo comencé a observar más allá de lo cotidiano, en aquellas cosas que se han vuelto cotidianas. Fue así como detuve mi cerebro en plena vorágine de ideas y sucesos sociales que nos cambian hasta la médula. Digo, tal vez debería escribir del gimnasio derrumbado, la casi ya-no-guerra entre Venezuela y Colombia, del triunfo de Argentina sin Diego, o como es de esperar, de los nuevos matrimonios de un país mal llamado igualitario. Sin embargo, quiero escribir de otra cosa: el constante show de ego y la profunda vida humanista que elegimos o nos eligieron y enseñaron que es normal.
Entro a facebook y me asusta leer como muchos de mis amigos parecen tener una doble identidad. ¡Ojo! tal vez no son mis amigos, pero la conocida web dice que es así, que puedo hacer de sus vidas un pequeño show mediático. Tal vez por eso escribimos todo el tiempo sobre nosotros, esperando generar algo en aquellos que lo leen y se envuelven en discusiones o comentarios sobre quien soy o tal vez no soy, pero amago de que si.
Siendo sincero, me desorientan los comentarios que hacen de la vida privada algo público. Me confunde ver y saber que mostramos algo en el ciberespacio que no mostramos cara a cara. Es como si el internet nos diera impunidad y libertinaje para dar rienda suelta a comentarios y fotos que nada tienen que ver con aquello que decimos que somos y queremos. Por eso me confunde, porque no sé si hablar todo el tiempo de uno mismo nos ayuda. Es como si nos hiciera mirarnos el ombligo constantemente y eso alimentara la necesidad de “sentirnos bien” y hacer un show de nuestra vida, buscando atención, anhelando ser el centro.
Me parece que facebook es una oportunidad, algo que nos acerca, nos conecta con ilimitadas posibilidades. Pero definitivamente necesitamos más temor de Dios, un mayor compromiso para ser quienes clamamos ser y dejar nuestra naturaleza de ombligo, esa que nos persigue cada día para que el mundo y la vida se traten de nosotros.
¿Cómo llegamos hasta acá? No sé. Pero hay frases que me quedan dando vueltas: sentirse realizado, ser alguien en la vida, conceptos que me parece que nada tienen que ver con la persona de Dios o sus planes de co-creación con nosotros. No creo que estemos mejorando, sino cada vez más humanistas. Si no paramos hoy para buscarle la vuelta, las consecuencias serán atroces. Pregúntate si lo que hacés o decís, suma algo. Si no, no lo digas.
Por: Ale Cruz
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