
“Es bueno encontrarse con amigos”, fue la frase elegida por la diputada Bianchi el pasado 2 de marzo de 2011 para dar comienzo a su revés contra el proyecto del aborto. Acompañada del diputado Pérez y la popular Cynthia Hotton, sentada a su derecha, la sesión arrancó de punta.
Si bien no tuvo mucha concurrencia, la charla fue un éxito. El chileno orador, Elard Koch, quien dirige muchas de las investigaciones interesantes de Chile, fue el Messi de la tarde. Habló de bifes de chorizo, de fútbol, pero sobre todo, de aborto e índices, y en eso, no hubo quien le escupa el asado.
Desbordado por estadísticas oficiales de decenas de países, informes y un puntero láser, demostró lo que quiso, cuantas veces se le dio la gana. Koch fue intencional en cada una de sus palabras. Según las estadísticas oficiales, Rumania tiene 1 aborto cada 1,68 nacidos vivos, mientras que Argentina tiene 1 aborto cada 9,8 nacidos vivos. Si bien estos números son impactantes, lo más duro es saber que en la afamada Unión Europea, las cifras en relación al aborto antes de la ley eran de 1 cada 9,8 nacidos vivos.
El convincente científico fue claro y abrumador. “Leí en el Clarín que en Argentina hay unos 500 mil abortos al año, ¡me caí de espalda ante tal disparate!”, exclamó Elard, quien con cálculos matemáticos demostró cómo es biológicamente imposible que en nuestro país haya tal número de abortos, esos de los que Mollmann nos hacía sentir culpables hace no muchos meses atrás. A diferencia de lo que dijo Marianne, en Argentina debe haber hoy como máximo 70 mil abortos anuales. “¡Ustedes vienen muy bien! Desde 1989 hasta hoy han logrado que la mortandad materna baje en un 40 por ciento. Si bien hay lugares como Formosa y Catamarca que todavía están en la lucha, como país vienen muy bien”. Koch respaldó cada una de sus cifras con sellos de revistas o diarios como el Journal de Inglaterra, así como los sellos de estadísticas oficiales.
“La clave con el tema del aborto es la educación y el compromiso hacia la parte más vulnerable de nuestra sociedad”. Durante un poco más de 40 minutos, se habló de programas de educación general obligatorios, programas de alimentación, médicos que van a buscar y visitar pacientes y por sobre todo, una mentalidad de servicio y no de negocio. “La legalización del aborto debe prever ciertas cosas, como por ejemplo los costos de dichos abortos, así como los tratamientos post abortos. Debemos pensar también en las consecuencias médicas que vive una mujer después de abortar: bebés en pre término, más bebés en neonatología, más riesgo de cáncer de mama, depresión, terapias, etc. Un sin fin de cuestiones que se traducen en dinero que debe aportar el estado”.
El recinto se mantuvo en silencio permanente, absorbiendo cada palabra. No se extrañaron los pañuelos o los cantos de cancha, tampoco los gritos e insultos hacia aquellos que no estaban de acuerdo (si bien no había ninguno). Al finalizar sus estadísticas, quedó claro que un aborto legal no disminuye nada sino que solo agrega problemas a nuestra apaleada sociedad. También quedó claro, que este asunto es más un brete de convicciones y ética que otra cosa.
La conferencia llegó a su fin con un tiempo de preguntas que careció de las mismas y que fue desbordado por la constante búsqueda de apoyo por parte de los pocos asistentes que de antemano, tenían una posición tomada.
Solo una opinión:
Es difícil hablar de cosas que marcan tanto el futuro de una nación. No estoy seguro de que el problema del aborto legal se arregle con una ley; no creo que se tape el sol con un dedo. Fue raro escuchar gente hablando de batallas ganadas o perdidas en relación a las leyes del matrimonio homosexual o la del aborto. Más raro aun fue escuchar gente que piensa que esto recién comienza.
La lucha de la legalización del aborto es una lucha filosófica, de argumentos y conveniencias que poco tienen que ver con la verdad. Si bien en los medios esta lucha está perdida, los aires claman por reconciliadores, hombres comprometidos, esos que no buscan justicia propia.
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